Antes de que el mundo fuera mundo, y de que las criaturas tuvieran forma y nombre,
las Tres Luces Maestras discutían en el firmamento acerca de cómo organizar la existencia.
Lo tenían todo más o menos dispuesto, sólo la cuestión de la mente, los hombres y las mujeres, era motivo de desencuentro.
La primera Luz Maestra, que era conocida por su simpleza y buena voluntad, abogaba por
ponérselo fácil a las personas. “Démosles una mente sencilla, con la que puedan razonar, planificar, observar y analizar. Cada rincón de esta mente ha de ser fácilmente conocido. Su mente debe ser como un cristal transparente”.
La segunda Luz Maestra, que era olvidadiza y disfrutaba con acertijos y adivinanzas, puso los ojos en blanco ante la propuesta de la primera: “¿En serio? ¡Qué aburrimiento! Démosles una mente que sea como una caja donde puedan guardar cosas y que, a veces, para volver a abrirla tengan que descifrar símbolos y metáforas. Su mente ha de ser como un cristal traslúcido”.
La tercera Luz Maestra, famosa por su silencio y su hermetismo, sentenció: “Pongámoselo
realmente difícil.. Que su mente sea profunda y misteriosa como el fondo del océano incomprensible. Su mente ha de ser como un cristal opaco”.
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Cansadas ya de defender sus diferentes posturas, y sin ser capaces de decidirse por ninguna en particular, decidieron concebir una mente humana que incluyera las tres propuestas: sería una mente con algunas partes transparentes, otras traslúcidas y otras opacas.
Ahora debían resolver cómo esa mente con tres aspectos tan diferentes, iba a funcionar
correctamente para ayudar a las personas a ser felices. Sin embargo, las Tres Luces Maestras estaban ya tan agotadas, que dejaron ese “asuntillo sin importancia” para otro momento.
Se fue pasando el tiempo y la cuestión de la mente humana quedó enterrada entre la pereza y el olvido.
Y cuando llegó el día de ordenar el mundo, todo fue concebido tal cual lo habían acordado: la abundancia y la generosidad de la Naturaleza, la sutileza de las flores, la belleza de los animales, la fuerza de los elementos, los sonidos y el silencio, los planetas girando alrededor del Sol, la luz dorada del amanecer y rosada del anochecer, las estrellas brillando en el cielo, las cascadas y los ríos de agua cristalina…la perfección con que cada pequeña parte de la existencia respiraba al mismo ritmo, TODO compartiendo el mismo latido… todo, excepto los hombres y las mujeres, cuya mente no había sido ajustada.
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Al darse cuenta de esto, las Tres Luces Maestras, que ya no podían deshacer su creación,
convinieron que lo más adecuado sería enviar a las personas un regalo para poner un poco de orden en su mente, y ayudarles así a ser felices, haciéndose UNO con toda la creación.
Se dieron las manos en círculo, cerraron los ojos, y respiraron juntas en perfecta sincronía,
abriendo el espacio necesario para entenderse unas a otras, trascendiendo las barreras,
desdibujando sus límites… tanto, tanto, que desaparecieron… y allí donde parecía que sólo
había quedado la Nada, surgió una pequeña estrella fugaz que atravesó el firmamento y
aterrizó en la Tierra, esperando a ser encontrada por alguna persona sabia que supiera
descifrar su mensaje y que transmitiría como Yoga Nidra.
?María Rubio
